Títulos alternativos: “Crisis del Estado Mojón”, “Te engaña España” o “La Nación y Tú: un Idilio Mongol”
Como de costumbre, me meteré donde no me llaman, de forma desordenada, balbuceante y atendiendo poco a un interlocutor (paso un poco de lectores) hipersensible. Hoy estoy perezoso para los enlaces. Y mierda pa mí por no saber editar bien los textos ni controlar suficiente como para hacer un poco mejor su aspecto.
España y españoles, el Estado y la Nación, el Estado Nación (en adelante Estado Mojón): esas palabras están en todas las frases que describen nuestros males, sean del signo que sean; las tenemos siempre a la mano, pero nunca las culpamos de nada. Toooooda la culpa se la llevan la UE, el imperialismo, el consumo (sic), los empresarios (sic sic), los extranjeros, los EEUU, los bancos, los mercados (sic sic SIIIIIIC!)…
El Problema es España como Nación
Cada nación se burla de las otras y todas tienen razón.
Schopenhauer
La nación no puede ser definida en torno a lengua, raza, localización geográfica y demás mandangas. Sólo hay nación si la gente la construye mentalmente. Tiene que ver sólo con sentimientos. Es una comunidad imaginaria más, como el sexo o la clase, pero con un extra de potencial religioso, de pura fe, que les excede con mucho y que genera una conflictividad infinita. Al reconocernos como “españoles”, intentamos homogeneizarnos con calzador, entrando todos en una casa que, al carecer de la posibilidad de un consenso, se presta especialmente a que el más avispado imponga su idea de cuales son las normas adecuadas (basándose a veces en la mayoría, y por tanto imponiendo un criterio a la minoría) para ella. Una vez alcanza el poder, establece una distancia entre él y el resto de habitantes. Ellos siguen a lo suyo, discutiendo. Y él manda mientras ellos se devoran, por las malas o por las malas malas.
- ¿Ese es El Problema?
- Hombre, en cierta medida sé que El Problema empezó unos cuantos centenares de miles de años antes. En lo malo y en lo bueno. Y que en realidad, El Problema no existe. Hay problemas. Pero creo que se me entiende.
Pasar por la vida pensando principalmente en “Soy Español” (y me da igual lo que pongas en lugar de “Español”) es una forma profunda y profusamente imbécil de pasar por la vida. La Nación es víctima, egoísmo organizado, homogeneizador inútil pero irredento, imbecilizador, aunque pueda ser más leve o más grave. Ser español y conducirse como tal es comportarse como un gilipollas en 3D. Qué coño, en todas las dimensiones.
Eres andaluz o murciano y a duras penas tienes que ver con un catalán. Tampoco tienes casi nada en común con el resto de murcianos, pues a la mayoría ni los conoces ni los vas a conocer. ”Eres” de tu barrio, que es una de las identidades más reales, y aún así no tienes nada que ver con tu vecino de al lado. El elenco ideológico es tan grande que apenas tienes que ver con quienes están en esas dos dimensiones para-lel@s que son tu derecha y tu izquierda. ¿Y qué te asemeja a los valientes soldados de las gestas heróicas pasadas que reclamas como tuyas? ¿Qué tienes que ver, inglesito, con quienes lucharon en Trafalgar? ¿Qué tienes que ver, español, con el Imperio en el que no se ponía el sol? Los parecidos entre el Estado que te domina y aquel pasado y “glorioso” son pura coincidencia, y se basan en que ambos son igualmente naciones idiotas. Ni siquiera tu futuro se asemeja al de la mayoría de los españoles, que andarán por otros niveles de vida y pensamiento. Ni arriba, ni abajo, ni al centro… y, en consecuencia, ni siquiera pa dentro.
Sí. La palabra “España” vuelve a sonarme facha, triste, rancia, a oler mal, a pezuña quemada, terruño, sangre y cazuela pobre. A ajo y a vino, y a ajo y agua, como siempre.
- El que critica a un nacionalismo forzosamente está hablando desde otro nacionalismo.
- Sí claro, como los gayer pesaos, que decía Javi: están constantemente empeñados en que tienes dentro un mariquita llorando.
Y si la Nación es ya plenamente disfuncional, lo que le sigue, o sea, lo “internacional” se vuelve tanto o más desastroso.
Porque el problema es la Nación.
El Problema es España como Estado
Una ideología es menos que una cultura y un Estado es menos que una comunidad.
Richard Hoggart
El Estado Mojón, basado en la soberanía de instituciones políticas sobre un territorio y en la ciudadanía definida por esas instituciones, es una entidad cada vez más obsoleta que, sin desaparecer (qué más quisiéramos), deberá coexistir con un conjunto más amplio de instituciones, culturas y fuerzas sociales. Las consecuencias del Estado Mojón son enormes, puesto que “todas nuestras formas políticas de representación y de gestión están basadas en esa construcción que empieza a desvanecerse detrás de su todavía su imponente fachada”.
En Sociología, el nacionalismo metodológico del que poco a poco parece ir saliendo alguno que otro, es una fuerza considerable. Pero un asunto y una herramienta propia de haraganes. Trata a las naciones como entes reales convirtiéndolas en Estado, sobrevalorando sin piedad sus diminutas e inservibles uniformidades. Pues bien, a muchos les parece que esto es generar una discusión sobre el sexo de los Ángeles, porque la unidad de medida ya está mal. Si hablamos, por ejemplo, de migraciones, no podemos sacar conclusiones útiles diferenciando entre estados mojón: necesitamos entidades más pequeñas, y probablemente, diferentes en cuanto a su composición (lengua, rentas, discurso, lugar, mayoría de una opción política, etc). De hecho, los migrantes están educados para solicitar que su eestado mojón vaya con ellos, y que traspase las fronteras de otro estado.
Permitimos que el Estado esté legitimado para lo que le dé la real gana, porque como todos somos la Nación, y el Estado es la Nación, pues el Estado, o sea, Hacienda, somos todos. Y como tenemos que estar juntos a la fuerza, la “única” manera es la democracia, en la que un 29% del electorado decide quién dictará “los destinos de Españññññññña”.
El Estado español, para más inri, no posee una separación real de poderes. El Estado español es un monstruo contrahecho, y un agujero negro que absorbe dinero hacia unos pocos. El Estado español ha sido conquistado por lo neoconservador (no digo neo-liberal porque mi parte liberal se siente insultada). El Estado español ha sido, a fin de cuentas, secuestrado. Porque es fácil secuestrar una aberración así.
Y además, qué coño: todo Estado se convierte en ilegítimo un segundo después de haber sido pactado, pues sus miembros pueden haber cambiado de opinión y desear formar parte de otra entidad más acorde con su identidad. Hay quien en las perspectivas de futuro se empeña en, simplemente, crear otro Estado más gordo.
El problema es el Estado.
El Problema es El Español
Lo que escuece, cura
Anónimo
Claro, es muy fácil reconocer que una entidad etérea como España o el Estado son una gilipollez. A ti no te tocan nada si no quieres. Pero a ver, ¿de qué se componen? ¿Quiénes lo sustentan?
Los españoles.
¿Y qué queda, después de lo dicho, para “ser español”? Vagancia, insolidaridad, encanto por el propio ombligo, desprecio del conocimiento…
Jubilados que ven obras y pasean por Benidorm. Jóvenes que no aprenden, ni quieren, ni podrían. Docentes acomodados. Gente que confunde privilegios con derechos constantemente. Gentuza estúpida que se aprovecha de los más débiles empobreciendo su entorno sin darse cuenta de que se están anudando la horca. Empresarios con menos preparación que sus empleados que sólo desean monigotes sin cerebro. Trabajadores siempre aspirantes a funcionarios en empresas privadas. Pseudoactivistas pancarteros que lloriquean a su estado mojón para que les solucione la vida.
¿A que en alguna de esas categorías la mayoría de tus semejantes cabe? Sí. Y probablemente tú también. Quizá hayas pensado “claro, es cierto” hasta llegar a esa categoría que te contiene a ti, en la que has dejado de aceptar la generalización para “ponerte en tu sitio”, pues tú no eres como la mayoría. No estás dispuesto a aceptar la responsabilidad que te toca, y sin responsabilidad no hay libertad.
Así nos va.
¿Cómo vamos a actuar con inteligencia si partimos de una base imaginaria indivisible? ¿Cómo atendemos la diversidad? ¿Cómo atenderemos el verdadero empoderamiento de comunidades reales que sí tienen algo que decir en lo que quieren transformar a su alrededor, además de sus propias vidas? ¿Para qué queremos un Estado desde el momento en que descubrimos y desarrollamos eso que llamamos Autogestión y que no llegamos a tener del todo claro?
Que el problema sois los españoles.
- Jo, cuantos “problemas”, ¿no?
- Pues sí. Fíjate tú que, tanto dentro como fuera de estos, hay muchos más.
Las comunidades reales, unidas hoy sin remedio a la comunidad imaginaria más grande posible (la Humanidad convertida en aldea), resultan más útiles que el Estado Mojón.
Qué a gusto me he quedao. Y eso que no he pasado por la mojoncracia
1) El otro dia Querolus estaba justamente hablando de los lastres del siglo XX que hemos de abandonar, y justamente el primero que eligió fue el lastre del nacionalismo.
http://antroposcopio.com/2012/07/22/lastre-del-siglo-xx-nacionalismo/
Sobre lo cual estoy de acuerdo, aunque los detalles de los nacionalismos de Hispania se me escapan un poco
Pero desde mi perspectiva desde el otro lado del océano más o menos pienso asi:
http://horacio.lasindias.com/el-nacionalismo-es-una-forma-de-religion/
2) Sobre intercuturalidad vs. multiculturalidad, existe un paralelo con el problema de la nación y la internacionalidad, es casi como un silogismo que sigue asi:
interculturalidad vs. multiculturalidad
internacionalidad vs. multinacionalidad ?
Y la multinacionalidad, en realidad significa no pertenecer a ninguna nación, sino como contaba David citando a James Joyce: “Irlanda no es importante porque le pertenezco. Es importante porque me pertenece a mí”
Un abrazo
Impecable Querolus, y Horacio. Es una religión, totalitaria, inadaptable y peligrosa.
En cuanto a la multiculturalidad sí, es enfrentable a la interculturalidad. La una crea guetos y simplemente es consciente de que las nacionalidades son los actores principales del cuento. La interculturalidad es integración, adaptación del uno al otro, superación de las disfunciones y, en definitiva, del nacionalismo mismo.